jueves, 28 de junio de 2018

Fantasmas de Leyenda: El Holandés Errante

"Más allá del umbral del horizonte
allí donde nunca me alcance la tempestad
buscaré la tierra que el mar esconde.
Porque solo mi esperanza es la muerte
y mi castigo es la eternidad."
~ Tierra Santa, 'La leyenda del Holandés Errante'

nauguramos la sección de 'Fantasmas de Leyenda'. Una sección en la que abordaremos leyendas y creencias en torno a la figura del fantasma, del espíritu privado del descanso eterno. Y de barqueras a marineros, hemos creído que la opción ideal para abrir esta sección era la leyenda del Holandés Errante. 

Hoy en día el Holandés Errante (The Flying Dutchman en inglés, De Vliegende Hollander en neerlandés) vaga por nuestra cultura y podemos toparnos con él en la ópera The Flying Dutchman de Wagner y en la novela El misterio del Holandés Errante de Franco Vaccarini, en la película Piratas del Caribe: el cofre del hombre muerto y en el videojuego Faery: Legends of Avalon

Pero lo cierto es que el Holandés Errante lleva surcando las supersticiones de los marineros desde hace varios siglos. ¿Queréis descubrirlo? Pues colocaos bien el sombrero, arrasad con lo que veáis, generosos no seáis y...¡Empezamos!

Bernard Fokke: el hombre detrás de la leyenda


Toda leyenda tiene siempre un hecho real detrás y en este caso, parece que el verdadero Holandés Errante fue Bernard Fokke. Pero... ¿quién era este Bernard Fokke? Para descubrirlo tenemos que viajar hasta la Holanda del siglo XVII. Las fechas exactas de su nacimiento y muerte discrepan ligeramente entre unas fuentes y otras, pero podemos decir que nació a principios del siglo XVII. Logró convertirse en capitán al servicio de la Vereenigde Oostindische Compagnie (VOC), la Compañía Unida de las Indias Orientales, cubriendo el trayecto comercial entre el puerto de Ámsterdam y Batavia, nombre con el que se conocía a la actual Yakarta en la Isla de Java.

Mapa con la ruta entre Holanda y Java seguida por Bernard Fokke
Bernard Fokke pronto destacó por sus habilidades náuticas, pues podía cubrir el trayecto entre Holanda y Java en la mitad de tiempo que el resto de los capitanes. Y no solo eso, además era capaz de cruzar con éxito el peligroso Cabo de Buena Esperanza, conocido por sus aguas tempestuosas y por los naufragios que había provocado.

Fokke pronto despertaría la admiración y la envidia a partes iguales. Aquellos que aplaudían sus habilidades le apodaron De Vieglende Hollander, literalmente "El Holandés Volador". Mientras que sus detractores y envidiosos, como en aquella época estaba de moda pactar con el diablo y acusar a las personas de haber pactado con el diablo, decían que la habilidad de Fokke no era más que el resultado de haber vendido su alma al diablo.

Por eso también su muerte, entre 1678 y 1680, estuvo envuelta en el misterio. Pues sucedió que en uno de estos viajes simplemente no regresó. Aquellos que habían intentado envenenar la reputación dijeron que era porque finalmente el pacto con el diablo había finalizado y este había acudido en presencia de Fokke para llevarse su alma.

Testimonio de marineros


No se sabe en qué momento exacto el Holandés Errante se convirtió en una superstición de marineros, en un barco fantasma, y tampoco está claro cuando hombre y barco se fundieron bajo la misma denominación de "Holandés Errante". Pues paraos a pensar un momento, cuando hablamos del Holandés Errante, ¿os viene a la cabeza la imagen de un barco o de una persona? 

En cualquier caso, lo cierto es que a finales del siglo XVIII y sobre todo en el siglo XIX proliferaron los testimonios y los relatos que mencionaban la aparición de este navío fantasmal. Todos suelen coincidir en que su visión se produjo al atravesar el Cabo de Buena Esperanza entre furiosas tormentas y vientos terribles, y todos aportan una visión ligeramente distinta que contribuye a enriquecer el imaginario en torno a este barco fantasma.

El primer testimonio escrito que nos habla sobre el Holandés Errante lo encontramos en Travels in various parts of Europe, Asia and Africa during a series of thirty yeatrs and upwards, escrito por John MacDonald y publicado en 1791. John MacDonald pertenecía al Clan MacDonald de Keppoch, involucrado en los levantamientos jacobitas. Tras la ruina de su familia en 1745, entró como cadete y sirvió en distintos barcos y departamentos. Su Travels in various parts... es un cuaderno en el que iba registrando a modo de diario todas sus vivencias.

MacDonald cuenta que cuando estuvo en Bombay se embarcó en el The Hampshire bajo el mando del capitán Taylor para regresar a Europa. Al llegar al sur de Madagascar y hasta que consiguieron cruzar el Cabo de Buena Esperanza tres semanas después se vieron envueltos por un tiempo tempestuoso. MacDonald recoge que algunos marineros aseguraron que habían visto al Holandés Errante y a continuación nos cuenta cual es su historia:

"La historia común es que este holandés vino al Cabo con un clima terrible y quiso llegar al puerto, pero no pudo encontrar ningún piloto para llevar el barco, y se perdió; y desde aquel entonces, cuando hace muy mal tiempo, se le puede ver"
(MacDonald, 1791)

También señala que los marineros creen que si se le saluda, el Holandés responderá como cualquier otro barco.

El siguiente registro viene de la mano de George Barrington y su A voyage to New South Wales with a description of the country; the manners, customs, religion, etc. of the natives in the vicinity of Botany Bay, publicado en 1796. Barrington, en el momento en que escribió este relato, era el superintendente de los convictos de Paramatta en Australia y era allí adonde se dirigía cuando cruzó el Cabo de Buena Esperanza.

En el capítulo VI dedica un par de apartados para contar algunas supersticiones de los marineros y entre ellas habla del Holandés Errante. Según el relato recogido por Barrington, el Holandés fue el capitán de un barco de guerra que se perdió al cruzar el Cabo y todos a bordo perecieron; también recoge que por las noches se puede ver su sombra espectral que se acerca a los barcos a tal velocidad como si los pasara por encima.

Pero la parte más interesante es cuando Barrington cuenta que una noche a las dos de la madrugada, cuando estaban cerca del Cabo, el contramaestre le despertó de un codazo con el rostro marcado por el terror y la incomodidad:

"Por el amor de Dios, compañero. Estaba mirando el horizonte y vi al Holandés Errante venir hacia nosotros. Pude ver sus luces de proa y de popa listas para la acción"
(Barrington, 1796)

La respuesta natural de Barrington fue afirmar que solo podía ser el Holandés Errante, pues había oído que aparecía en esa latitud. Sin embargo, después de subir a cubierta y examinar las aguas, determinó que debía de tratarse de algún efecto de luces sobre el mar, y no de un barco fantasma.

(Fuente)
En 1821 la revista Blackwood's Edinburgh Magazine publicó un artículo sobre el Holandés Errante bajo el título "Vanderdecken's message home": el mensaje a casa de Vanderdecken. ¿Y quién es Vanderdecken? Parece ser el nombre más aceptado para referirse al capitán del Holandés Errante. También lo podéis encontrar escrito Van der Decken y significa literalmente "en cubierta", quizá para incidir en esa condena a surcar los mares por toda la eternidad, siempre en la cubierta, siempre sin descanso.

Pero volvamos a la Blackwood's Magazine. Es difícil discernir en el relato qué parte es ficción y qué parte puede tener algo de realidad, pero lo cierto es que es el más desgarrador y triste de todos. Como si de una obra de teatro se tratase, imaginaos un barco atravesando el Cabo de Buena Esperanza como escenario. Son las dos de la tarde y marineros y viajeros están tensos por la tormenta en la que se encuentran. Los marineros empiezan a hablar, a comentar sobre la leyenda del Holandés Errante y se preguntan si lo han visto en viajes anteriores. El capellán, al que los marineros conocen como Gentle George, escucha a dos de ellos comentar por qué el Holandés Errante no puede llegar a puerto:

"Hay diferentes razones para ello, pero esta es mi historia: Era un barco holandés que partió de Amsterdam hace setenta años. El nombre de su capitán era Vanderdecken. [...] La historia es que al doblar el Cabo, el viento sopló cada vez más fuerte contra ellos. Vanderdecken se paseaba por la cubierta maldiciendo al viento. Tras la puesta de sol los marineros le preguntaron si no iba a ir a la bahía. Y respondió: "¡Aquí estaré hasta el Día del Juicio Final!" Y nunca se acercó a la bahía. Por ello se cree que sigue aún por estos mares."
(1821)

Los marineros siguen hablando sobre el Holandés mientras otro informa de luces que parecen proceder de un barco fantasma. Pero parece que se esfuman entre la niebla y la lluvia, y todo recobra la normalidad...

Hasta que vuelven los rayos. Y uno de los marineros grita: "¡Vanderdecken otra vez! ¡Los veo bajando un bote!". Así es, un bote con cuatro hombres procedente del Holandés se está acercando a ellos. Ante la perplejidad de los marineros, uno de los cuatro hombres sube al barco y es el capellán el que empieza a hablar con él. El extraño les dice que solo quieren que envíen las cartas que trae a sus amigos de Europa, pues llevan demasiado tiempo allí y quieren tranquilizarles. El capitán se niega a aceptar sus cartas, pidiéndole que las deje en otro barco.

El extraño empieza a mostrar signos de angustia y cierta furia. Habían perdido la cuenta del tiempo que llevaban allí. Solo querían que uno de esos barcos con los que se cruzaban cogiera sus cartas y las llevaran a su familiares y amigos. Pero el capellán le intenta devolver a la realidad: "Me temo que vuestras cartas no servirán en Amsterdam, incluso si se enviaran, ya que las personas a las que van dirigidas están descansando bajo el suelo verde del camposanto" (1821).

El extraño, desolado, empieza a coger las cartas, una a una, y les cuenta a los hombres del barco de quien es cada carta y a quien va dirigida. Y los marineros entre la mofa y la cautela le van diciendo que esas personas y esos lugares ya no existen. El extraño deja de hablar e intenta que alguno de los marineros coja sus cartas. Pero nadie se mueve. Decide dejarlas en la cubierta y vuelve al bote con sus hombres. En un golpe de rayo desaparecen, ya no hay más rastro del bote, de los hombres o del Holandés. Solo quedan las cartas como único testigo.

Los marineros empiezan a discutir sobre qué hacer con ellas, pero un golpe de viento les da la solución: se las lleva volando. Los marineros sonríen y celebran que ya haya pasado todo.

Nuestro último testimonio tiene que ver con el rey Jorge V de Inglaterra antes de que fuera rey. Sirvió en el HMS Bacchante junto a su hermano Alberto Víctor y el capellán encargado de su educación, John Neale Dalton entre 1879 y 1882. El capellán, que guardaba registro de las experiencias de los jóvenes príncipes, escribió lo siguiente:

"El Holandés Errante nos cruzó por la proa. Una extraña luz rojiza, como la de un barco fantasma incandescente, en cuyo centro se divisaban claramente los palos y las velas de un bergantín. Cuando llegamos a su altura, no se veía rastro de barco alguno cerca o en el horizonte, a pesar de que la noche era tranquila y la mar estaba en calma. En total lo vieron trece personas, aunque no hay forma de saber si se trataba de Van Diemen, del Holandés Errante o de cualquier otra cosa."
(Taranilla, 2016)

Leyendas a la leyenda


Hasta aquí hemos visto la parte más real detrás de la leyenda del Holandés Errante. Sin embargo, en el siglo XIX muchos autores y compositores tomaron esta historia y la ampliaron y/o versionaron creando una amalgama de pequeñas leyendas en torno a la gran leyenda del Holandés Errante.

Algunas de estas pequeñas leyendas inciden en cómo se produjo la maldición. Parece que las dos versiones más extendidas sitúan el foco en un tal capitán Willem van der Decken (inspirado en Bernard Fokke) quien hizo un pacto con el diablo para conseguir atravesar el Cabo de Buena Esperanza a pesar de los retos naturales que Dios pusiera en su camino. Pero Dios, como buen omnipresente que es, se enteró del pacto y condenó a Van der Decken a navegar eternamente sin rumbo fijo y sin tocar tierra.

En la segunda versión sucede que Dios se aparece ante Van der Decken al doblar el Cabo de Buena Esperanza. Toda la tripulación se postra ante su imagen, salvo el capitán que empieza a blasfemar y a asegurar que cruzaría el Cabo sin su ayuda, llegando incluso a disparar contra la imagen divina. El resultado fue, como podréis imaginar, su barco naufragado y condenado a vagar como barco espectral por toda la eternidad sin llegar a ningún puerto.

Sin embargo, estas no son las únicas explicaciones. John Leyden y Walter Scott, (en el caso de Scott se trataba de un barco pirata), nos cuentan que la maldición se produjo por un asesinato que se cometió a bordo del barco. El castigo fue un brote de peste. Los marineros se fueron acercando a cada puerto y ofrecían todas las riquezas que tenían a bordo a cambio de su hospitalidad con el fin de librarse del contagio. Pero ningún puerto se ofreció y un castigo divino les hizo vagar por esos mares durante toda la eternidad.

(Fuente)
Otras de estas pequeñas leyendas prestan más atención a lo que le puede suceder a los barcos que lo ven o la forma en que se pueden liberar de la maldición. La creencia general es que la visión del Holandés Errante era sinónimo de mal fario, casi, casi, como llevar una mujer a bordo según Gibbs. Otra de las creencias extendidas era la que recoge Blackwood's Magazine: los tripulantes del Holandés intentarían dejar las cartas a sus familiares en los barcos para que se las entregaran. 

Uno de los aspectos más interesantes es el que se recoge en la ópera de Richard Wagner, pues en ella se cuenta un modo de romper la maldición. Parece ser que el Holandés Errante tenía permitir atracar en un puerto una vez cada siete años con la intención de encontrar una esposa. En el caso de encontrar una mujer dispuesta a casarse con el capitán, la maldición se rompería.

Así nos lo cuenta Wagner. Mientras el capitán Daland busca puerto, se topa con el Holandés Errante y a cambio de unas riquezas, Daland accede a presentarle a su hija Senta, que no estaba casada. Senta y el extraño sienten cierta atracción, pero ella se muestra algo reticente. El Holandés, desolado y desesperado, se retira a su barco. Cuando Senta se entera, se arroja al mar con la intención de buscarle. La fidelidad que muestra es la salvación del Holandés pues juntos, se elevan al cielo.

Son muchas más las leyendas, las pequeñas historias que navegan alrededor del Holandés Errante. Aquí os hemos recogido algunas, las que hemos considerado más interesantes. Os animamos a sumergiros en todos los relatos que hay sobre él. Y...

¿Os animáis a hacer un viaje por el Cabo de Buena Esperanza a ver si nos encontramos con el Holandés Errante? ;)

  • Barrington, G. (1796), A voyage to New South Wales with a description of the country; the manners, customs, religion, etc. of the natives in the vicinity of Botany Bay. Philadelphia: Printed by Thomas Dobson.
  • Curran, B. (2007), Lost Lands, Forgotten Realms: Sunken Continents, Vanished Cities, and the Kingdoms That History Misplaced. New Jersey: Career Press.
  • Garner, J. (2006), Wings of Fancy: Using Readers Theatre to Study Fantasy Genre. London: Libraries Unlimited.
  • MacDonald, J. (1791), Travels in various parts of Europe, Asia and Africa during a series of thirty yeatrs and upwards. Dublin: Printed for P. Byrne, A. Grueber, W. Jones and R. White.
  • Meder, T. (2008), The Flying Dutchman and Other Folktales from the Netherlands. London: Greenwood Publishing Group.
  • Scott, W. (1829), Matilde de Rokeby: novela histórico-poética, Madrid: Moreno.
  • Sin autor (1821), "Vanderdecken's Message Home", Blackwood's Edinburgh Magazine, 9 (50), 127-131.
  • Taranilla de la Varga, C.J. (2016), Grandes mitos y leyendas de la Historia. Córdoba: Almuzara.